domingo, 6 de octubre de 2013

Miedo a los perros. Cinofobia

Fuente: JESÚS GUTIÉRREZ PSICOLOGÍA DEL APRENDIZAJE
http://www.adiestradorcanino.com/webdelperro/miedo-a-los-perros-cinofobia-2/2725


Miedo a los perros: Cinofobia.


La Cinofobia se define como un persistente, anormal e injustificado miedo a los perros o hacia las enfermedades que estos pueden transmitir.
El miedo a estos animales se ve aumentado por la cantidad de casos de ataques que se han dado a personas por parte de los mismos.
Este hecho ha sido alimentado por la consecuencia directa de que se trate de animales de presa domesticados además de por los crecientes casos publicados por los medios de ataques de perros.
Esto ha llegado a provocar una alarma social dónde cada vez son más las personas que sin querer están fomentando un miedo irracional hacia un animal que ha sido nuestro mejor compañero a lo largo de nuestra evolución.
Por el contrario son muchos los estudios que revelan, en contra de lo que se puede pensar, que el miedo a los perros en niños y adultos no se refiere a ataques reales por parte de los perros.
Debido a que las fobias pueden afectar la vida cotidiana de quienes las padecen, hasta el punto de acarrearles verdaderos disturbios a sus relaciones afectivas, su entorno laboral y su vida privada, muchas personas realizan consultas acerca de un posible tratamiento de las fobias, ya sea para erradicar la fobia o para aprender a vivir con ella. Es importante saber que las fobias no suelen desaparecer por sí solas, por ello es muy importante buscar ayuda.
Lo fundamental a la hora de tratar una fobia es estar decidido a superarla, no desilusionarse si los resultados tardan en aparecer, ponerse metas claras y posibles, no imaginar situaciones imposibles de cumplir: una persona con cinofobia tal vez nunca llegue a disfrutar de la convivencia con tres mastines, pero puede sentirse conforme si consigue visitar a un amigo que tiene un perro en casa sin por ello sentirse ansioso días antes.
La Cinofobia, termino para designar la fobia a los perros, es una fobia específica; un trastorno que en psicología está agrupado dentro de en la categoría, más genérica, de los trastornos de ansiedad.
Del término griego kyón, perro y phobos, que significa miedo, pavor. El miedo es una experiencia muy común para los seres humanos y se trata, además, de una experiencia que tiene un importante valor adaptativo para la supervivencia de la especie. Normalmente cuando hablamos de miedo adaptativo nos referimos a un conjunto de sensaciones que se ponen en marcha como respuesta normal ante peligros reales (Marks, 1987). Sin embargo, cuando estas sensaciones se experimentan en situaciones que no suponen una amenaza real, nos encontramos ante un miedo que ya no es adaptativo. El término fobia se utiliza para describir este tipo de reacciones de miedo no deseables; denota reacciones de miedo intenso, acompañado de evitación (conductas orientadas a evitar aquello que desencadena el miedo), ante situaciones reales o anticipadas (que prevemos pueden ocurrir) que objetivamente no justifican tales respuestas.
Las fobias, por tanto, deben cumplir las siguientes características para ser consideradas como tales:
  1. Existencia de miedo desproporcionado. Es decir, el miedo es claramente superior al que cabría esperar dada la situación. No es un miedo adaptativo. Esta característica, no obstante, puede estar ausente en los niños. 
  2. El miedo conduce a la evitación de la situación temida. 
  3. No existe una posible explicación lógica del fenómeno. Esto denota el carácter irracional de las fobias. 
  4. Sobrepasan el posible “control” voluntario. 
  5. Producen cierto grado de malestar o sufrimiento. 
El miedo fóbico se manifiesta en respuestas motóricas, cognitivas y fisiológicas que pueden diferir entre individuos. En el plano fisiológico, se pone en marcha todo un conjunto de respuestas fisiológicas características de un aumento de la actividad del Sistema nervioso autónomo: aumento en la tasa cardíaca y respiratoria; sudoración; inhibición de la salivación; contracciones estomacales; náuseas; diarrea; elevación de la tensión arterial.
Como ya se ha mencionado, la Cinofobia es considerada una fobia específica. La denominación de fobias específicas se viene utilizando para hacer referencia a todas aquellas fobias en las que la reacción de miedo está circunscrita o focalizada en objetos o situaciones concretas como pueden ser las alturas, los espacios cerrados, o los perros, que es el caso que nos ocupa.
Hasta la fecha, la subdivisión entre fobia a los animales, fobia a la sangre y heridas y las llamadas fobias situacionales (conducir, viajar en avión, espacios cerrados, entre otras) es una de las que cuenta con un mayor grado de aval empírico. La fobia a los animales consiste en miedos aislados a animales, tales como pájaros, perros, gatos, ranas, serpientes, arañas, mariposas, abejas y avispas. Este tipo de fobia supone miedo y evitación a los animales en sí mismos (y no tanto asco o miedo a la contaminación que puedan suponer). En los fóbicos a los animales el miedo alcanza su punto máximo especialmente cuando los animales se encuentran en movimiento.
Normalmente las personas temen a un tipo de animal y no a otras especies diferentes, y únicamente una minoría muestra miedo por el daño que le pueda causar el animal. En general, en la mayor parte de los casos los fóbicos temen al pánico que pueden llegar a experimentar y mostrar ante la presencia del animal, y a las consecuencias negativas que ello puede tener.
En los cinofóbicos, el miedo puede darse hacia todos los perros o sólo hacia cierta raza, color o tamaño.

Cómo se adquiere.
En la mayoría de los casos, el miedo a los perros aparece en la infancia, cuando debido a una mala experiencia, un susto o un trauma, el niño se hace adulto sin haber superado ese miedo.
Como todo proceso humano, las fobias son el resultado de la interacción entre biología y entorno. Si bien existe una predisposición genética para desarrollar una fobia, en el caso de las fobias específicas interviene un tipo de aprendizaje predominante, aunque no el único, que es el aprendizaje por condicionamiento clásico.
Hacia 1920 del siglo pasado Iván Pávlov, un científico ruso, demostró la existencia del reflejo condicionado. Esto significa que se puede aprender mediante la asociación de dos hechos simultáneos. Si dos objetos, uno desagradable y otro indiferente o neutro eran presentados al mismo tiempo, el objeto neutro podría transformarse en desagradable para el sujeto. Es decir adquiría propiedades objeto desagradable.
Para demostrar ese principio, otro científico, Jhon Broadus Watson, llevó a cabo un experimento en un bebé de once meses llamado Albert. Se pretendía provocar una fobia experimentalmente. El método consistía en depositar una rata blanca delante del niño y cuando él se acercase, producir un tremendo ruido a su espalda de forma súbita y repentina. El niño se asustó y lloró. Al cabo de una semana, repitieron el escenario. En el mismo momento en que se situó el hámster delante del niño, este rompió a llorar. En poco tiempo, su temor se generalizó a otros animales.
Si bien el condicionamiento es uno de los posibles orígenes de una fobia, también es cierto que solo una minoría de las fobias se genera por este procedimiento. No todos los fóbicos recuerdan incidentes desagradables como precipitantes. Por otra parte, no todas las personas que sí los han vivido acaban generando fobias. Por tanto, seguramente existen otros factores implicados en el aprendizaje.
Otro medio de adquisición de fobias es la transmisión por imitación –aprendizaje vicario- o la comunicación directa. En los humanos, los padres son los transmisores privilegiados, ya que además pueden utilizar la comunicación verbal.
El papel de la percepción y la memoria no son desdeñables en un fóbico, ya que intensifican el temor básico con la asociación de pensamientos que agrandan el peligro y minimizan los recursos propios. Se sabe que las personas ansiosas procesan la información de un modo distorsionado y tienden a percibir la amenaza de modo exagerado.
Una vez adquirida la fobia, esta persiste en el tiempo y se resiste a extinguirse ya que, como se explicaba más arriba, los razonamientos y las evidencias no son demasiado eficaces para corregirla.
Esta persistencia de la fobia en el tiempo se debe a dos tipos de conductas que se dan en personas con tendencia a generar fobias:
La evitación del objeto o situación como respuesta instintiva que tiene como objetivo reducir la ansiedad.
La huida de la situación en el momento en que se empieza a experimentar incomodidad.

Cómo tratar la Cinofobia.
Las fobias son muy comunes en la población; para que una fobia específica sea relevante clínicamente debe interferir en la actividad habitual de la persona (trabajo, actividades sociales, relaciones personales, etc.).
En la primera mitad del siglo XX las alternativas terapéuticas para las fobias específicas, se reducían básicamente al psicoanálisis. A partir de la obra de Joseph Wolpe (1958), la llamada terapia de conducta entró de lleno en el campo de las fobias. Desde entonces la mayor parte de los tratamientos para este tipo de trastorno implican algún tipo de exposición a los estímulos temidos, ya que de las teorías explicativas conductuales se desprende que dicha exposición en ausencia de las consecuencias temidas tendrá como resultado la extinción de las reacciones fóbicas. La cinofobia se trata de la misma forma que otras fobias específicas; el tratamiento que se ha mostrado más eficaz es una forma de terapia conductual llamada desensibilización, también conocida como terapia de exposición. En ella, la persona se expone gradualmente a la fuente de su fobia hasta que ya no es aterradora.

Terapia de exposición.
La exposición al estímulo fóbico es el ingrediente común de técnicas como la desensibilización sistemática, la inundación o la exposición graduada. Todas ellas han mostrado niveles de eficacia satisfactorios en el tratamiento de las fobias específicas.
Se puede trabajar con exposición en vivo (directamente con perros reales) o con una exposición a imágenes de perros. Cuanto más cercana sea la práctica de exposición al hecho real, mejores resultados podemos esperar. De hecho, la exposición en vivo es considerada como el tratamiento más potente para las fobias específicas. Debemos considerar la exposición en imágenes como alternativa frente a la real en aquellos casos en que el paciente muestre serias reticencias a la terapia de exposición con estímulo fóbico real. Muchos pacientes advierten del abandono de la terapia si se les va a someter directamente al estímulo fóbico y otros advierten de experiencias de pánico intenso que dificultan cualquier habituación con la presencia del estímulo fóbico real.

¿Cuánto tiempo hay que exponerse al estímulo fóbico?
La duración e intervalos de la exposición han constituido un tema relevante dentro de esta terapia. En líneas generales, la exposición prolongada es mejor que la corta, llegando a configurarse tratamientos de una sola sesión de 60 a 180 minutos de duración, con una media aproximada de dos horas.

El procedimiento habitual sería el que sigue:

1. El paciente se compromete a mantenerse en la situación de exposición hasta que la ansiedad desaparezca y no escapar de la situación durante el tratamiento.
2. Se anima al paciente a aproximarse al estímulo fóbico lo máximo posible y a mantenerse hasta que la ansiedad disminuya o desaparezca por completo.
3. Cuando la ansiedad disminuye, se insta al paciente a que se aproxime más al estímulo fóbico, a que permanezca hasta que disminuya la ansiedad, y a que se vaya acercando lo máximo posible.
4. La sesión de terapia termina únicamente cuando el nivel de ansiedad se ha reducido un 50% del valor más alto, o cuando ha desaparecido por completo.

La exposición masiva y prolongada incrementa su eficacia si el terapeuta modela los primeros acercamientos y si es posible dar una información razonable al paciente del porqué del método, del propósito del tratamiento.

En aquellas fobias donde la presentación del estímulo fóbico pueda realmente verse libre de todo peligro real, es decir, que la exposición al estímulo fóbico no es seguida de ninguna consecuencia temida, se incrementará la eficacia. Fobia a animales (arañas, gatos, perros, ratones, etc.), a las alturas, a lugares cerrados, son candidatos a que se aplique este tipo de exposición.

Si la exposición debe acompañarse de relajación como respuesta antagónica también ha constituido un tema relevante.
Incluir o no la relajación dentro de un programa de exposición va a depender, básicamente, de tres factores:
Si la ansiedad del paciente es muy alta ante el estímulo fóbico, la utilización de la relajación genera mayor adherencia al tratamiento.
Si vamos a aplicar, por motivos diversos (peculiaridades de la situación, predisposición del paciente, etc.), exposiciones breves, la aplicación de la relajación facilitará la habituación al estímulo fóbico.
Si pretendemos aplicar una exposición donde el paciente no sienta niveles elevados de ansiedad durante la presencia del estímulo fóbico, la relajación puede ayudar a controlar dicha ansiedad.
Teniendo en cuenta lo expuesto, el primer paso en un tratamiento de Cinofobia podría consistir en ver programas de televisión o películas en que aparezcan perros de características (exposición en imágenes). Avanzando hacia la exposición en vivo, el siguiente paso podría desarrollarse como un encuentro con perros manteniendo la distancia, por ejemplo a través de los barrotes de una jaula, las ventanas de una tienda de mascotas o la valla de un parque para perros. A medida que la persona se siente más cómoda podría pasar tiempo con los perros inmovilizados con correas. Progresivamente se buscaría que pudiera relacionarse con los perros de una forma más cercana.
Los ejercicios de relajación y respiración pueden ser útiles para controlar de manera puntual la ansiedad ante el encuentro con los perros.

Terapias cognitivo-comportamentales y realidad virtual.

En las últimas décadas se han ido incorporando terapias cognitivas en el tratamiento de las fobias, empleadas en la mayor parte de las ocasiones en combinación con estrategias de exposición.
Básicamente se trata de adaptaciones al ámbito de las fobias de programas terapéuticos ya existentes. En general, estos programas van destinados a cambiar los patrones de pensamiento, insistiendo en la diferencia entre pensamientos realistas e irrealistas o la diferencia entre posible y probable. Ya se ha mencionado que en el caso de las fobias, la persona hace una estimación exagerada e irracional del peligro, que no se ajusta al riesgo real de la situación. Así, se pretende que los pacientes fóbicos accedan a la exposición al estímulo fóbico con la menor ansiedad anticipatoria posible, es decir, disminuir la ansiedad que se experimenta ante la perspectiva de sufrir ansiedad o pánico cuando realmente nos encontremos ante el estímulo temido.
Desde esta perspectiva, se incluyen también las técnicas destinadas a incrementar la información del paciente sobre su trastorno (terapias informativas, biblioterapia). En ambos casos se trata de presentar al paciente el máximo de información relevante referida al estímulo fóbico.
Se aplica la idea de que la posesión de un conocimiento lo más completo y exacto posible acerca de las causas o factores que originan y/o mantienen las conductas y reacciones fóbicas, contribuirá de modo decisivo a la erradicación de las mismas.
En líneas generales, se persigue informar al paciente, en un lenguaje adecuado, acerca de distintos conceptos relacionados con la adquisición y mantenimiento de su fobia. A partir de esta explicación el paciente se centra en la búsqueda de las posibles causas y en la búsqueda de soluciones que palien o eliminen el problema.
Las posibles ventajas de este acercamiento radican en que el paciente adopta una actitud más activa ante el tratamiento, con lo que se puede facilitar la exposición posterior.
Por último, cabe mencionar la realidad virtual aplicada al tratamiento de las fobias. La exposición por medio de la realidad virtual se ha propuesto como una alternativa a los procedimientos de exposición real.

Aplicada a la Cinofobia, podemos destacar las siguientes ventajas:
La realidad virtual permite que el terapeuta construya el contexto y no que tenga que desplazarse a dicho contexto.
La realidad virtual permite manipular el contexto sin que aparezcan estímulos o situaciones inesperados. Por ejemplo, una reacción inesperada del perro o que estando en un espacio abierto aparezca otro perro que complique la situación.
Con la realidad virtual se garantiza de mejor manera la seguridad y la privacidad del paciente. Esto es, se garantiza la confidencialidad.

No podemos pasar por alto, sin embargo, algunas de las desventajas o limitaciones:
No sustituye totalmente a la exposición real. Tarde o temprano el paciente debe someterse a esta última y tener contacto real con los perros.
El coste del hardware y del software es todavía prohibitivo para la mayoría de los técnicos.
Algunos pacientes presentan mayores dificultades que otros a la hora de sentirse verdaderamente inmersos en el contexto virtual. Y, hoy por hoy, no disponemos de predictores que nos informen de en quién sí funcionará y en quién no.
No existen trabajos que comparen la realidad virtual frente a técnicas imaginativas o de sugestión, claramente más económicas.

Tratamiento biológico.

Para concluir, abordamos el tratamiento biológico, que por el momento se ha limitado a la farmacología. En el caso de las fobias específicas la opinión de clínicos e investigadores de que no hay un tratamiento farmacológico de elección es prácticamente unánime.
Hasta la fecha existe muy poca investigación sobre el valor terapéutico de añadir la administración de fármacos a los tratamientos. La escasa evidencia existente parece indicar que la utilización de fármacos puede obstaculizar el efecto de la exposición al interferir con el proceso de habituación (la disminución en la tendencia a responder) necesario para que se produzca la eficacia terapéutica.
No obstante, hay resultados que sugieren la necesidad de considerar las dosis y el momento de administración de los fármacos para potenciar los efectos beneficiosos de dicho tratamiento en combinación con las técnicas de exposición.

Bibliográficas.


Michael Domjan. Principios de aprendizaje y conducta, quinta edición. España, 2009.


Manual de Psicopatología, Edición Revisada, Volumen II. Editorial Mc Graw Hill.


www.cge.udg.mx. “Los Trastornos de Ansiedad” Revista Universidad de Guadalajara.


www.unioviedo.net. “Tratamientos psicológicos eficaces para las fobias específicas” Revista Psicothema.


www.fobias.net


www.isabel-larraburu.com/articulos/ansiedad/49-conferencia-sobre-fobias.html


Información obtenida de diversas páginas de Internet relacionadas, con el objetivo principal dar información.
Mónica Moreno
Educadora canina

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