sábado, 23 de marzo de 2013

La intrahistoria de la historia del bodeguerito Suerte

http://blogs.diariosur.es/piso/2013/02/01/la-intrahistoria-de-la-historia-del-bodeguerito-suerte-4/



In humanos


La Rotonda. Ignacio Lillo.

Diario Sur 26/01/213
La historia es real, lo que la hace más dolorosa si cabe. Ojalá pudiera reconocer que me la he inventado. Pero no. Si usted, lector, no tiene intención de pasar un mal rato, hoy que es sábado y ve el plácido fin de semana de la ciclogénesis explosiva por delante, le recomiendo que pase la página; sobre todo si siente algo de respeto por los animales. Siempre puede leer la bonita carta al director que acompaña a este artículo. También puede irse directo al final, que es toda una lección de esperanza en el Ser Humano. ¿Está seguro? Pues vamos allá.
La historia ocurrió el viernes en la estación de trenes de un pueblo del interior que no es necesario citar, porque sería someter injustamente a todos sus habitantes al escarnio público. Un bodeguero pequeñito, de mediana edad, ha sido atropellado. Sangra abundantemente por una herida en la pata. El accidente ha ocurrido a primera hora de la mañana. El pobre animal apenas puede moverse; tiembla de sufrimiento y llora amargamente su desdicha, con ese llanto insoportable para cualquiera que tenga un mínimo de corazón en el pecho.
Está acurrucado junto a un banco visiblemente roto. Algunas personas pasan, lo ven y miran para otro lado. Nadie le quiere ayudar. Lo peor es que su dueño, que es la persona -por decir algo- en quien él más confía, lo ha visto en ese estado y se ha marchado, sin más. Le da igual. Es solo un perro, uno más, y hay muchos, por ahí, vagando abandonados, hambrientos. Este ya no sirve, es cuestión de coger otro, como un cacharro que se avería.
Pasa un tren de Cercanías. A bordo viaja una profesora de un instituto que se distrae mirando por la ventana. Cuando se da cuenta de la escena avisa a la Sociedad Protectora de Animales, que moviliza a su equipo para ir a rescatarlo. El bodeguero llega al Refugio de Málaga poco después, donde el veterinario ya está preparado para intervenir. Ha sido necesario amputarle la pata, pero está vivo. Si tiene chip, el propietario será denunciado en los juzgados por abandono. Mientras, la docente, que ha estado en contacto durante todo el día con los voluntarios, se ha ofrecido a pagar los gastos de la operación. Después de todo, algunos seres pueden llamarse, todavía, humanos…
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Ese mismo día la foto del bodeguerito Suerte, todavía postrado en la camilla y hecho polvo tras amputarle una pata, circuló por la red Twitter. Ello me dió el privilegio de contactar por vía digital con la otra protagonista de esta historia, la profesora Aure Molina, quien dio la voz de alarma cuando vio al perrillo sufriendo desde la ventanilla del tren en el que viajaba. Creo que merece la pena dejar aquí el comentario que hizo a mi artículo en la página de la Protectora en Facebook:
“Gracias a la Protectora por acudir rápidamente, era insoportable e indignante ver cómo todo el mundo pasaba y no hacían nada, ya desde la ventanilla del tren era insufrible verlo así, a cualquiera se le debería partir el alma al ver al pobre perro. Me alegro mucho de que se esté recuperando y de que reciba cariño. Y muchas gracias a Ignacio Lillo por dedicar espacio para contar la historia. Por cierto, yo sí voy a decir el pueblo en cuestión (Ignacio Lillo ha sido muy educado, pero yo no): fue en la estación de tren de Álora”
Ella no lo dice, pero yo sí lo voy a decir, que para eso el blog es mío y escribo lo que quiero: Aure ha pagado los gastos de la operación del perrillo y se ha hecho socia de la Protectora.
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Como se ha comentado, esa misma tarde la asociación colgó la historia en su página de la red Facebook.
http://www.facebook.com/media/set/?set=a.10151359220982293.1073741916.204255212292&type=1
En cuanto se estabilice y se recupere, Suerte irá a un hogar de acogida, donde le darán el cariño que se ha ganado con sangre…

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